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El caballo, el carruaje y el cochero
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LA COMUNICACIÓN: aprender a comunicarse
Por increíble que parezca en los tiempos que vivimos, la era de la comunicación constante, rápida y efectiva, donde casi todos tenemos un móvil, contestadores automáticos, llamadas a tres y acceso a Internet, estamos perdiendo cada vez más nuestra capacidad de establecer relaciones sanas y hacernos entender.
¿Cómo es esto posible? Parece que disponer de “aparatos” no acaba de ser la solución a nuestros dilemas humanos. ¿Y cuál es el mayor problema en el ser humano? Vivir feliz, lo cual depende en gran medida de la capacidad para entrar en contacto con los demás y aclararse en el encuentro con el otro. Nos quejamos de la falta de solidaridad, del egoísmo, de la falta de escucha o de lo difícil que es encontrar soluciones a los conflictos que inevitablemente genera la convivencia. ¿La solución? Vamos a apostar por el conocimiento.
El pilar básico de la comunicación es ser consciente de uno mismo. Esto significa que tengo la capacidad de darme cuenta de qué necesidades pretendo cubrir cada vez que entablo un diálogo. Desde saber qué hora es, hasta sentirme querid@ o respetad@. En muchos conflictos lo que nos encontramos es con que no estamos en contacto con algo que precede al diálogo con el otro, esto es el diálogo interno, lo que me digo a mi mism@. Mi autoestima, la idea preconcebida sobre lo que puedo esperar del mundo y de las personas que me rodean, mi identidad. ¿Me veo de manera sesgada, como alguien predominantemente complaciente, o defensiv@? ¿he adquirido una identidad sumisa, o de liderazgo constante? Para averiguar esto no solo es útil entender cómo se sienten los demás conmigo (lo cual muchas veces nos angustia tanto que ni lo preguntamos ni lo escuchamos) sino desarrollar las habilidades necesarias para llegar al auténtico conocimiento personal.
.Los grupos de encuentro donde los demás están buscando lo mismo que yo, mejorar sus relaciones y conocerse más a fondo, son un lugar privilegiado para encontrarme a mi mism@ en el espejo de mis compañer@s, sin deformaciones y en un clima de aceptación y escucha. Si nos comprometemos en este viaje de descubrimiento personal nos daremos cuenta de que en gran medida estamos siendo lo que nos dijeron que éramos en nuestra infancia, y que nuestro verdadero “yo” con toda su riqueza está esperando a ser tenido en cuenta para desplegar su gran potencial. No es extraño que casi todos repitamos una y otra vez los mismos errores o nos enfrentemos al mismo malestar emocional. De las personas que nos han criado hemos aprendido lo constructivo y lo destructivo, lo enriquecedor y lo frustrante. Pero ahora somos adultos y el reto se plantea: ser persona desde mis auténticas necesidades y mis propios valores, cuidarme a mi medida teniendo en cuenta mis verdaderos puntos fuertes y flacos, y dar a los que me rodean lo que honestamente puedo y deseo dar. Adiós a lo “sabido” que no funciona, “hola” a la creatividad de mi corazón.
Cuando conseguimos depurar nuestros diálogos internos y nos tratamos con tolerancia y cariño hemos dado el primer paso hacia la comunicación plena y eficaz. Pero esto no es todo, justo delante de nosotr@s hay otro mundo, el irrepetible mundo del que tenemos enfrente. Un nuevo reto nos espera, ¿sabemos transmitir nuestro ser? ¿sabemos escuchar?
Tradicionalmente nadie nos enseña las habilidades fundamentales para comunicarnos. Aprender las técnicas y actitudes que facilitan acceder a las personas y hacerse entender es fundamental para nuestras vidas. Sentirnos seguros en nuestras relaciones sociales implica no solo hacer conscientes nuestros miedos, sino aprender a manejarlos y superar nuestras inseguridades. Para ello es indispensable tener la oportunidad de asimilar nuevas estrategias de comunicación que puedan servir de apoyo en este viaje de crecimiento personal, y efectuar este aprendizaje a nivel práctico, rodead@ de personas que compartan mis inquietudes y puedan apoyarme.
En la mayor parte de las ocasiones detrás de un enfado o una separación dolorosa lo que hay son sentimientos de tristeza o desamor que no se han sabido expresar y que por lo tanto no han sido sanados. Otras veces son experiencias pasadas lo que condicionan nuestra manera de interpretar las relaciones que mantenemos en el presente, las cuales se verán perjudicadas hasta que no identifiquemos y curemos nuestras heridas. ¿Desde dónde me comunico? Desconfianza, prepotencia, desesperanza... ¿Cómo interpreto lo que me dicen? Como una crítica, una ayuda, una manipulación... ¿Tengo en cuenta al otro? Sus limitaciones, sus necesidades, lo que me puede ofrecer... ¿Me tengo en cuenta a mí? Mis emociones, mis valores, mi bienestar... Y por último ¿cómo manejo todo esto? ¡No parece fácil! Y sin duda no lo es, pero que lo difícil no sea sinónimo de imposible, ni de “tirar la toalla”. Porque aprender todo esto es vivir en plenitud, el mejor sentido que podemos dar a nuestra vida. No la vaciemos conformándonos con nuestros “males”, aunque sean “menores”, y démonos una oportunidad para sorprendernos distintos y más felices mañana.
Susana Espeleta. Psicóloga colegiada. Profesora de ITIEE
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